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Sobre la ética abelardiana

AFORISMI MEMORABILI – QUOTES TO REMEMBER


Uno stupido che cammina va più lontano di dieci intellettuali seduti.
(Jacques Séguéla)

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No, niente appello! Qui non si tratta di riformare una sentenza, ma un costume. (…) Accetto la condanna come accetterei un pugno in faccia: non mi interessa dimostrare che mi è stata data ingiustamente.

Giovannino Guareschi (lo disse dopo la sentenza di condanna ricevuta per l’accusa di diffamazione mossagli da Alcide De Gasperi)

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Diario dai giorni del golpe bianco (paperback) di Rina Brundu .

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PERLE DI ROSEBUD – LISTA AGGIORNATA DEI DERETANI INAMOVIBILI

Resistere, resistere, amico mio, con un popolo di pecore la vittoria del lupo non potrà che essere questione di tempo.

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PERLE POLITICHE – SENILITÀ, OKAY, MA SE DOVESSI DIVENTARE RENZISTA…

…portarmi dal veterinario e sopprimermi subito, please!

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Spanish (5)I

Juan Duns Scoto (1266-1308) explica en sus escritos sobre ética que a pesar de que el sentido común nos lleve con presura a concebir que «el fin justifica las acciones» hay razones justificadas para impugnar esa comprometida aserción.

El escocés deplora de la ética eudiamonista de Aristóteles y de las teorías teleológicas acerca de la moral porque, inquiere que si bien la finalidad es importante a la hora de hacer un juicio ético sobre las acciones humanas, no es el único elemento que debemos tener en cuenta. Una acción moral es algo mucho más complejo y dinámico, un holismo de elementos no digno de ser resumido sólo en su finalidad; este entramado de piezas se combinan para formar una acción y, es la recta ratio la que conoce cuál es la mejor combinación para discernir si una acción moral[1] es buena o mala.[2]

Así mismo, Pedro Abelardo (1079-1142) en su obra Ética o Conócete a ti mismo nos enseña que es posible cometer un pecado sin una voluntad realmente mala y, por lo tanto, es verosímil argüir que el pecado no se identifica con la voluntad.

Para Abelardo el pecado radica más bien en la intención que en la acción. Esto quiere decir que la «acción» (tal como la entiende Abelardo), se debe entender como la consecución de una gama articulada que él llama: intención, conciencia y consentimiento -decisión-. Toda acción tiene un principio, un medio y un fin, por ello es que interpreta que las acciones no son dignas de ser analizadas bajo la lupa de la moralidad, sino que debemos prestar atención a las intenciones con que dichas acciones fueron realizadas.

Entonces, Abelardo entiende que una misma acción, puede ser valorada como buena o mala dependiendo de la intención de la que provenga.

“Llamamos buena, esto es, recta, a la intención por sí misma. A la obra, en cambio, la llamamos buena no porque contenta en sí bien alguno, sino porque nace de una intención buena”.[3]

“La acción de un hombre, por ejemplo, que hace lo mismo en distintos momentos, unas veces se califica de buena y otras de mala, según la diversidad de intenciones”.[4]

II

La ética abelardiana es un ética de la libertad, Abelardo concibe que una ética (heterónoma, por cierto) de este tipo depende directamente de la nociones de intención y voluntad que planteemos porque de la concepciones de voluntad e intención se desprende, en última instancia, la noción de libertad. Debemos ser libres primero (condición sine qua non) para hablar de ética.

Abelardo es el primero en poner el foco de las investigaciones éticas en el interior de la complejidad de la vida humana, para esto utiliza la noción de «intentio»; con intención se refiera al proceso interior mediante el cual la voluntad fija algo exterior y se inclina hacia ese algo.

Su célebre máxima “no hay pecado a no ser que se actúe contra conciencia” pone en manifiesto que la intención de la que proviene el acto es plausible de ser analizada de «buena» o «mala» y no el acto en sí mismo, al que le es indiferente, por cierto, la bondad y la maldad.

“Dios, en efecto, no juzga lo que se hace, sino la intención con que se hace”.[5]

Cabe hacer referencia (como lo hicimos más arriba, en el punto uno) que para Abelardo la ética comienza después de la libertad y, que hay tres elementos que se articulan para dar lugar a un acto libre: intención, conciencia y consentimiento.

La intención entonces, es esa inclinación que tenemos hacia fijar algo por nuestra voluntad, la conciencia es la percepción mental que tengo de esa fijación y el consentimiento es la decisión de llevarla a cabo en el plano real.

Scotto, por su parte, interpreta desarrollar una ética es desarrollar una teoría de la libertad e interpreta que la voluntad es la piedra basal sobre la cual sustentar su ética.

La voluntad scotista es la refutación definitiva de la física de Aristóteles, según la cual todo lo que es movido es movido por otro. Pero para Duns Scotto, la voluntad es una causa libre, que es movida por ella misma. La bondad de un acto moral es entendida como una combinación de todo lo que pertenece al acto, pero no en sentido absoluto, sino relativo.

Ahora bien, para Duns Scotto esta bondad moral, si quiere ser completa, no es el resultado de la intención solamente. Primero hay que admitir que nadie busca la bondad si primero no es en conveniencia del agente en cuestión, lo que le sigue es la segunda condición, a saber, tiene que ver con el objeto, si es apropiado al objeto, entonces es genéricamente bueno.

III

Pedro Abelardo define un vicio como todo aquello que nos hace propensos a pecar. Dicho de otra manera, aquello que nos inclina a consentir en lo que no es lícito, sea haciendo algo o dejándolo de hacer.[6] Si tenemos en cuenta que un vicio también se define por algo que dejamos de hacer.

A su vez, entiende por pecado aquello por lo cual, por culpa del alma, se gana le genera ofensa a Dios y se gana desprecio del mismo. Nuestro pecado es desprecio al creador[7], tanto por algo que consideramos que debemos hacer, como por algo que debemos de dejar de hacer por Él, si al pecado lo definimos por su negativa, es decir, por lo que hay que dejar de hacer, entonces podemos decir que consiste más bien en el no-ser que en el ser. Así también, el pecado reside en el consentimiento, consentimos lo no lícito, cuando no nos retractamos de la ejecución de algo que interiormente sabemos malo y lo llevamos a la práctica con conciencia, ése es el verdadero pecado para Abelardo.

El consentimiento para Abelardo es el último paso en la articulación que el concibe al pensar un acto libre (y por lo tanto moral) intención, conciencia y consentimiento. Este paso final es el que resume la decisión de llevar a cabo la intención que teníamos propuesta en un principio.

La acción no añade nada al mérito, sea fruto de la buena voluntad o de la mala voluntad porque lo que Dios juzga no es nuestros actos, sino nuestras intenciones. El deseo, por su parte, es algo que acompaña siempre a la voluntad, donde hay deseo, hay sin duda voluntad. No hay ningún objeto que nuestra voluntad persiga si no es en virtud de que lo deseamos.

IV

Abelardo nos invita a que la ética sirva, en última instancia, a sumergirnos en nuestro interior, una intención es buena cuando tenemos un pleno conocimiento de ella y de las acciones que le siguen.

“(…) si tu intención es recta, toda la suma de obras que de ella proceden –y que pueden verse como se ven las cosas corporales- será digna de la luz, es decir, buena. Y viceversa.

Se dice buena de una intención cuando es buena por sí misma, pero a la obra, en cambio, la llamamos buena pero no por sí misma, sino porque proviene de una intención buena. Abelardo nos habla de que con los ojos (que debemos conservar sanos) podemos iluminar si la intención es recta.

“Si tu ojo está sano, tu cuerpo estará luminoso”

Finalmente, Abelardo remata con sabiduría:

“Hay quienes piensan que se da una buena y recta intención siempre que uno cree que obra bien y que lo que hace agrada a Dios. Sirvan de ejemplo los que perseguían a los mártires. De ellos dice la Verdad en el Evangelio: «E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios»

Marcos Fabián Polisena

 

[1] Duns Scotto define a la acción moral como una combinación.

[2] Estas partes o elementos de una acción moral que dice Duns Scoto que debemos tener en cuenta a la hora de realizar una investigación ética son: el tiempo, el modo, la causa, el lugar, la finalidad.

[3] Pedro Abelardo en Conócete a ti mismo. p. 48.

[4] Pedro Abelardo en Conócete a ti mismo. p. 48.

[5] Ibíd. p. 24.

[6] Pedro Abelardo en Ética o Conócete a ti mismo. Cap. III. P. 8.

[7] Ibíd. P. 8

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