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Foucault: La Arquitectura como modo de organización Política

L’AFORISMA DEL GIORNO – DAILY QUOTE

Uno stupido che cammina va più lontano di dieci intellettuali seduti.
(Jacques Séguéla)

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Este ensayo tiene por objeto exponer cómo aparece el elemento de la escena como manifestación de las mecánicas del poder según Michel Foucault, para ello tomaré como referencia los siguientes textos:

Los Anormales, Historia de la locura en la época clásica y Vigilar y Castigar.

La primera cuestión a tratar es el surgimiento de los espacios de exclusión, en relación al texto Los Anormales, la aparición de individuo anormal y sus tres categorías (el monstruo, el onanista y el indócil)

Gran parte del desarrollo del ensayo, hará énfasis en la cuestionada aparición del individuo indócil, la escena en la cual aparece este, lo cual lleva a tratar la escena del suplicio, su teatralidad, los elementos que constituyen la escena del castigo. Uno de esos elementos es la idea del panóptico de Bentham, cómo la mirada tiene el papel más importante en la configuración del saber que encuentra Foucault, de ese saber que está disfrazado y está latente en la escena.

Luego se expondrá el nacimiento del espacio de exclusión, según la puesta en escena que da en El nacimiento de la Clínica, o en Historia de la locura. Como último objeto de trabajo analizaré la relación entre las teorías wagnerianas, que le fueron inducidas por Boulez, la influencia de Nietzsche a su vez sobre Wagner.

El objeto central no es cómo sucedió la escena, sino cómo es puesto en escena, el asunto histórico no es qué pasó, es cómo pasa.

I – La escena como parte de la expresión en los cambios culturales es más que una aparente constante histórica. Es una verdad que se muestra a través de los conflictos que suceden entre las fuerzas que gobiernan al mundo. Las fuerzas del poder.

Si bien, para Foucault existen claramente unas fuerzas de poder que operan en cada cultura e indudablemente en el desarrollo de la cultura occidental, la interacción de estas fuerzas han de producir a la larga ciertos espacios que satisfagan las necesidades que han dejado las interacciones. Las relaciones del poder están ligadas a las relaciones económicas, de producción, y son las que han configurado el teatro de la racionalidad occidental.

En otras palabras el surgimiento de ciertos espacios de exclusión como las cárceles han surgido tras una necesidad, tras conflictos sociales, guerras y por supuesto para hacer del prisionero, un objeto de la escena del castigo, todo esto (aunque fuera de la conciencia de la gente) con el fin de mostrar el poder del soberano, puesto que el crimen más mínimo es un intento de rebelión ente el soberano, esto es a finales del siglo XVI, cuando los lugares de castigo, se convirtieron en demostraciones del poder político de los gobernantes en Europa.

Foucault demuestra que su interés no está en ver cómo acaecieron los hechos en los que las fuerzas del poder, sino que su interés está en que es lo que pasa, cómo se transforma la sociedad por medio del conflicto de las fuerzas del poder, allí hay conocimiento.

Estoy de acuerdo con este planteamiento foucaultiano, aún cuando parece que no se interesara por un planteamiento estructuralista (que él mismo negara en varias ocasiones) de la historia, el cual creo es importante porque la historia no debe ser vista sólo desde un punto de vista ya sea como acontecimiento pasado (del discurso claro está) o como un acontecimiento que sucede en determinado momento y que configura una transformación del mundo.

Es claro que deshecha la tentativa de un suceso importante para la mayoría de historiadores, en este caso un asesinato importante, un regicidio; por considerar que éste no es la verdadera crisis del conflicto de las fuerzas del poder, es más bien un producto de este conflicto, que se suma al verdadero saber que arrastra cada tentativa del poder.

El problema que creo no se resuelve en Foucault, se muestra claramente en Los anormales, que es un curso que dicta en el College de Francia hacia 1974 y en el cual trata la anomalía humana dentro de tres categorías: El monstruo humano, el masturbador y el indócil. Estas categorías que suponen una escena dentro de la cual se manifiestan, se han constituido como unidades, hacia las cuales se dirige la corrección y es hacia ellas que se desarrolla una coacción que se pretende vigilar y castigar los actos anormales.

La primer categoría que es el monstruo humano se desarrolla en un ámbito jurídico -legal (recordemos los casos de hermafroditismo, en los cuales el problema social lo constituía el ir en contra de las leyes familiares, de matrimonio, etc.) el monstruo humano combina lo imposible y lo prohibido, es un individuo peligroso. Por supuesto el papel de la mirada como rayo investigador es claro, lo mismo que la infracción a las leyes de la naturaleza que hace el monstruo humano. La forma de corregir al monstruo es hacerlo consciente de su deformidad, para luego dejarlo libre, cargando a cuestas su anormalidad, esto le hará tener una posición en la sociedad (posición que ha de ser la del rechazo) Se ve al monstruo como un castigo de lo divino, el monstruo no cabe en ningún lugar hasta que su connotación biológica le convierte en una forma médica. La escena en la que actúa el monstruo está delimitada por su peligrosidad, por ello es que el lugar de ruptura histórica es cuando jurídicamente se asocia la monstruosidad con la perversión y la maldad en los actos humanos.

La segunda figura es la del onanista (masturbador) Aparece dentro de las nuevas relaciones entre la sexualidad y la organización familiar en el s. XVIII, con la nueva posición del niño dentro de la familia, esto con respecto a la importancia que toma el cuerpo y su salud, es una aparición del cuerpo sexual. ¿Pero qué es lo que conduce la escena de la aparición de este personaje? En este caso la ruptura que pone en escena al masturbador es la cruzada sexual que se lleva a cabo en la Inglaterra hacia 1710, sitúa el mal uso del cuerpo dentro de determinados trastornos físicos que pueden surtir efectos en cualquier momento de la vida; Como vemos en este caso la escena es de un tipo sexual con connotaciones médicas, porque cuando se dan estas connotaciones es cuando aparece el masturbador como individuo a corregir.

El tercer caso es algo peculiar a pesar que es uno de los más estudiados por Foucault, pues la relación que debería haber entre el individuo y la escena se limita a describir aspectos como el encierro y la prohibición, como aspectos sicológicos del individuo (esto no quiere decir dicha relación no exista) en caso tal que nos queda como solución recurrir a las teorías de corrección en otros textos, pero eso lo dejo para más adelante, ahora es necesario definir al individuo indócil. La práctica del encierro es de por sí una consecuencia del rápido crecimiento del mundo, cada vez es necesario excluir a cierto tipo de gente.

Según Foucault, el incorregible surge luego del monstruo, tras la introducción de técnicas disciplinarias como las del ejército, las escuelas y lugares de trabajo, así como los procesos de domesticación del cuerpo y del comportamiento. Entra el asunto de la prohibición, como método de descalificación del individuo, para luego desatarse sin medida en la práctica del encierro. Es por esta razón que no queda claro en qué momento la locura y los problemas judiciales del comportamiento forman un solo sistema a corregir. En Historia de la locura en la época clásica se trata el tema de la locura aparte del de la incorrección, pero en este caso la aparición en la escena del loco (en el sentido moderno) se da cuando los antiguos males (como la lepra) tienden a desaparecer a medida que se desarrollan formas médicas y sanitarias que tienden a mejorar el ambiente de vida en la Europa del s. XVI, reforzándose esta imagen de la locura como enfermedad mental y biológica en situaciones como la del psiquiatra Pinel, quien libera a los asilados del auspicio de parís, con el fin de hacer la vida de los locos un poco más útil para los demás. (Poniéndolos a trabajar, además le servía para estudiar sus grados de locura como cita Foucault sobre Pinel) En esta ocasión el punto de ruptura lo constituye la famosa “liberación” del doctor Pinel a mediados del s. XVIII, pero por supuesto sobre la fastuosa escena del gran encierro de los locos en el s. XVII.

Como vemos la solución no está tan visible a menos que remitamos otros textos de Foucault.

¿De qué forma se ha corregido entonces al individuo indócil? Es indudable que durante milenios ha existido una u otra forma de coacción ante el delito o la anormalidad, pero el punto crítico de la historia del castigo, o si lo queremos llamar, el momento de aparición en escena (con todo y teatralidad) del castigo como institución formal, se da en los albores de la inquisición en la edad media.

Pero lo interesante es analizar cómo evoluciona la imagen del individuo peligroso, cómo se llegó a diferenciar entre un acto propio de la locura, o propio de la maldad pura. Pues entre más grave era el crimen, menos se podía achacar a la locura. De todas formas a la inquisición (como institución) no le importaban siquiera cuales eran las causas o las razones del crimen, o si hubo crimen, sino cómo castigar; Es en este instante cuando surge la escena del suplicio.

Examinémoslo ahora, caso que menciona Foucault en Los Anormales: La escena del suplicio. El castigo es una vendetta personal del soberano con el criminal, en donde el cadalso es la inversión ceremonial del crimen, es allí donde el soberano hace un despliegue ritual de la fuerza que ejerce sobre sus súbditos. El suplicio como método del terror es la causa de castigo más común durante la edad media e inicios de la época moderna, en este lapso histórico no hay una relación clara o medida entre el crimen y el castigo. Se desarrolló un terror inherente al castigo, el cual debía corresponder al tamaño del crimen; es importante ver cómo el horror del crimen se refleja en el sitio del suplicio.

Otro elemento clave en la escena del suplicio es el carácter ejemplificante del mismo (aunque es claro que lo ejemplarizante del suplicio no disminuyera la cantidad de los mismos a la final, creo que en momentos en los que no hubiera suficientes crímenes se atribuían castigos a cualquier indicio de “anormalidad” con respecto al común de la gente) Cuando una persona no encajaba ya fuera meramente en un ámbito estético, u orgánico, simplemente era anormal, lo cual era suficiente para ser enjuiciada y castigada por el hecho de ser un monstruo, un hermafrodita, homosexual o un loco. Su castigo iniciaba por la “pregunta”, si el individuo no aceptaba su culpabilidad, iniciaban con las variadas torturas, (porque los inquisidores han tenido fama de inigualables torturadores) así, pasando por los grados de dolor más dispares, hacen del cuerpo del condenado, un chivo expiatorio de los males del mundo hasta causarle la muerte por causa evidentemente violenta, esto no siempre a la sazón de los inquisidores, quienes desarrollaron técnicas especiales para mantener al reo vivo durante la mayor cantidad de tiempo posible. El desahogar el castigo con el cuerpo, es más bien una expiación de tipo religioso que conllevaba la salvación del alma.

En la sociedad feudal el cuerpo de los individuos es importante, es allí donde se ejerce el poder, ya sea político, económico o religioso. El poder se ejerce mediante tres formas. La primera es que el cuerpo del sujeto produzca signos de respeto, de devoción o de sujeción. La segunda forma de ejercer poder sobre el cuerpo es mediante el derecho sobre el cuerpo, el derecho a castigar ejerciendo la violencia inclusive hasta la muerte del individuo. La tercera forma es el trabajo, las fuerzas de coacción que conllevan las labores dentro del espacio a que corresponden. Pero volvamos sobre las dos primeras formas, la demostración de sujeción, y el derecho de castigar.

Es ahora cuando nos encontramos de frente con el elemento más dramático de la escena del suplicio: la atrocidad. Es el más dramático por cuanto el nivel de lo atroz, es la causa del terror. Un castigo brutal y violento es una demostración del exceso del poder reinante, cuyo ejemplo se puede ver en las grandes escenas de suplicio a que nos remite Foucault las cuales suceden en el s. XVII y XVIII. Es claro que han desaparecido en su mayoría los suplicios, bueno al menos en la forma de aplicarlos (aunque el elemento del escarnio en medio de la aplicación de la pena aún se haga efectivo en algunos países.)

La escena no estaría completa sin el público asistente al suplicio, este es el carácter del escarnio, de no-privacidad del castigo, pero este es un tema que Foucault examina desde una mirada psicologizante, de esta forma nos encontramos ante un lugar muy importante, es un lugar que surge como propio para el castigo, la idea del panóptico.

La sociedad europea del s. XVIII transforma de manera sustancial la forma de castigo; si durante el transcurso del suplicio el espectador es libre de observar hasta donde crea conveniente o a su morbo no le sea repulsivo, es porque el espectador se encuentra casi al mismo nivel del verdugo y del criminal.

De por sí el cadalso es una forma de panóptico, pues el individuo es observado, analizado de formas múltiples, entonces es necesario aclarar el ideal de Bentham. Cuando se crean espacios de exclusión con tendencia a ser panópticos se da una estricta división espacial y sobretodo “La mirada está por doquier en movimiento”. Esta idea del panóptico que ya menciona Bentham y que influencia el pensamiento de nuestro autor, supone un claro movimiento arquitectónico de los espacios de exclusión y de igual manera de las ciudades.

Ejemplo de ello son las construcciones con forma cuadriculada asemejando campos de batalla, las aulas de establecimientos educativos en los cuales el lugar del maestro sobresale notoriamente para tener un control del todo por medio de su mirada, los asilos mentales y hospitales en donde el médico debe tener un dominio visual y por ende psicológico sobre el enfermo a quien trata (nuevamente la demostración del poder) y por supuesto los espacios laborales, las fábricas. Estos son pues los lugares de exclusión de la sociedad, es allí a donde se envían los individuos que antes eran enviados lejos de la ciudad. Aunque sea irónico, el panóptico tiene la particularidad de que es un lugar que estando dentro y en contacto con la sociedad, margina de la misma a ciertos personajes, esto por un lado no cambia para nada la escena de aquella época de los griegos (cuando los locos eran sacados de la polis o bien eran enviados en unos barcos especiales que iban de ciudad en ciudad recogiendo a los locos) , pero por otra parte hace que el espacio de exclusión sea más manejable y constituya un lugar de estudio de la locura por ejemplo.

El panóptico según la teoría ideal de Bentham, es un espacio cerrado, vigilado en todos sus puntos, en el que los individuos están insertos en un lugar fijo en el que todos los acontecimientos están registrados y sus movimientos controlados y lo más importante: Une el centro con la periferia por medio de un trabajo de escritura. En este sistema el poder se ejerce por entero y constantemente, por una figura jerárquica continua. Cada individuo está constantemente localizado y examinado y en palabras de Bentham: “Todo esto constituye un modelo compacto de dispositivo disciplinario”.

Se hace aún más evidente la partición del espacio de exclusión, por una parte está el gran encierro con el fin de hacer desaparecer al individuo molesto, y por otra parte está el buen encauzamiento de la conducta.

Cada celda del panóptico es como un pequeño escenario, un teatro. Basta con situar un vigilante en la torre central para controlar al enfermo, al loco, al escolar o al condenado. El elemento más teatral a mi parecer es la luz, la visibilidad, en el panóptico se elimina la antigua práctica del calabozo oscuro, en el cual la oscuridad es un escondrijo, ahora la luminosidad ofrece un control psicológico continuo, nada puede escapar a la claridad y por lo tanto el individuo se siente en escena; Es esta la reaparición de la mirada y de su efecto escudriñador.

La mirada de por sí conlleva una mecánica de poder, pues es esto lo que se manifiesta a través de la mirada. Hasta aquí el interés de Foucault no está en describir los elementos de los espacios de exclusión, sino a la mecánica que el poder impone haciéndolo eficaz. O sea que no ha de importarnos la dramaturgia con la que transcurren los espacios de exclusión, más que eso ha de importarnos la puesta en escena, que hace realizable esa dramatización del espacio.

Hay un momento en el s. XVI en el cual se institucionalizan los espacios de exclusión, como hospitales, asilos, barrios de ricos y de pobres, etc. Esta diferenciación es una parte de la historia, y por ende uno de sus elementos comunes.

Por último considero de importancia analizar la relación que ha tenido Foucault con la obra de Richard Wagner (a quien admira por la forma en que pone en escena la tragedia) Ya en la entrevista que hace M. Watanabe, se nota la influencia de Wagner sobre Foucault.

Wagner ha desarrollado una idea de espectáculo total, que combina ciertas artes como la música, el teatro, el ballet, la pintura, y otras con el fin de expresar la escena como un todo que lleve a la representación ideal o sea confundir la realidad con la irrealidad, esto incluye la utilización del elemento del leitmotiv, esto es hacer que un tema musical se identifique con el eidos de un objeto, que este tema musical sea la idea primordial del sujeto, este aspecto en especial es muy analizado por Foucault en un ensayo que hizo alrededor de 1951 en compañía de su amigo de toda la vida Pierre Boulez.

Por medio de Boulez, Foucault tiene acceso a la teoría teatral de Wagner. Wagner hace de la ópera un conjunto coherente dentro de sí mismo. Recordemos que el tema del ring fue una influencia directa de Nietzsche, quien fue el encargado para hacer el texto del libreto para la ópera. Wagner no plantea el problema del sujeto en términos cartesianos, hace del drama un hecho importante con una importancia histórica, sin tomar en cuenta sus propias convicciones políticas (como el “antisemitismo” que se le atribuye al igual que a Nietzsche.)

Es muy interesante como desde Nietzsche, pasando por Wagner, y luego por Boulez, Foucault a configurado un sistema de trabajo que siendo paralelo a sus investigaciones en otros campos de la ciencia moderna como en sus Historias parte de la importancia del espacio como concepto positivo u objetivo, y lo más importante: de cómo en este espacio hay una puesta en escena de la verdad que ha de constituir el saber de occidente.

II- FOUCAULT:  EL PANOPTICO.

LA ARQUITECTURA COMO MODO DE ORGANIZACIÓN POLÍTICA

Estudiando los orígenes de la medicina clínica; había pensado hacer un estudio sobre la arquitectura hospitalaria de la segunda mitad del siglo XVIII, en la época en la que se desarrolla el gran movimiento de reforma de las instituciones médicas. Quería saber cómo se había institucionalizado la mirada médica; cómo se había inscrito realmente en el espacio social; cómo la nueva forma hospitalaria era a la vez el efecto y el soporte de un nuevo tipo de mirada. Y examinando los diferentes proyectos arquitectónicos posteriores al segundo incendio del Hotel-Dieu en 1972 me di cuenta hasta qué punto el problema de la total visibilidad de los cuerpos, de los individuos, de las cosas, bajo una mirada centralizada, había sido uno de los principios básicos más constantes. En el caso de los hospitales este problema presentaba una dificultad suplementaria: era necesario evitar los contactos, los contagios, la proximidad y los amontonamientos, asegurando al mismo tiempo la aireación y la circulación del aire; se trataba a la vez de dividir el espacio y de dejarlo abierto, de asegurar una vigilancia que fuese global e individualizante al mismo tiempo, separando cuidadosamente a los individuos que debían ser vigilados. Había pensado durante mucho tiempo que estos eran problemas propios de la medicina del siglo XVIII y de sus concepciones teóricas.

Desde finales del siglo XVIII la arquitectura comienza a estar ligada a los problemas de población, de salud, de urbanismo. Antes, el arte de construir respondía sobre todo a la necesidad de manifestar el poder, la divinidad, la fuerza. El palacio y la iglesia constituían las grandes formas a las que hay que añadir las plazas fuertes: se manifestaba el poderío, se manifestaba el soberano, se manifestaba Dios. La arquitectura se ha desarrollado durante mucho tiempo alrededor de estas exigencias.

Pero, a finales del siglo XVIII, aparecen nuevos problemas: se trata de servirse de la organización del espacio para fines económico-políticos.

Surge una arquitectura específica. Philippe Aries ha escrito cosas que me parecen importantes sobre el hecho de que la casa, hasta el siglo XVIII, es un espacio indiferenciado. En este espacio hay habitaciones en las que se duerme, se come, se recibe …, en fin poco importa. Después, poco a poco, el espacio se especifica y se hace funcional. Un ejemplo es el de la construcción de las ciudades obreras en los años 1830-1870. Se fijará a la familia obrera; se le va a prescribir un tipo de moralidad asignándole un espacio de vida con una habitación que es el lugar de la cocina y del comedor, otra habitación para los padres, que es el lugar de la procreación, y la habitación de los hijos. Algunas veces, en el mejor de los casos, habrá una habitación para las niñas y otra para los niños. Podría escribirse toda una “historia de los espacios” -que sería al mismo tiempo una “historia de los poderes”- que comprendería desde las grandes estrategias de la geopolítica hasta las pequeñas tácticas del hábitat, de la arquitectura institucional, de la sala de clase o de la organización hospitalaria, pasando por las implantaciones económico-políticas. Sorprende ver cuánto tiempo ha hecho falta para que el problema de los espacios aparezca como un problema histórico-político, ya que o bien el espacio se reenviaba a la “naturaleza” -a lo dado, a las determinaciones primeras, a la “geografía física”- es decir a una especie de capa “prehistórica”, o bien se lo concebía como lugar de residencia o de expansión de un pueblo, de una cultura, de una lengua, o de un Estado. En suma, se lo analizaba o bien como suelo, o bien como aire; lo que importaba era el sustrato o las fronteras. Han sido necesarios Marc Bloch y Fernand Braudel para que se desarrolle una historia de los espacios rurales o de los espacios marítimos. Es preciso continuarla sin decirse simplemente que el espacio predetermina una historia que a su vez lo remodela y se sedimenta en él. El anclaje espacial es una forma económico-política que hay que estudiar en detalle. Entre todas las razones que han inducido durante tanto tiempo a una cierta negligencia respecto a los espacios, citaré solamente una que concierne al discurso de los filósofos. En el momento en el que comenzaba a desarrollarse una política reflexiva de los espacios (finales del siglo XVIII), las nuevas adquisiciones de la física teórica y experimental desalojaron a la filosofía de su viejo derecho de hablar del mundo, del cosmos, del espacio finito e infinito. Esta doble ocupación del espacio por una tecnología política y por una práctica científica ha circunscrito la filosofía a una problemática del tiempo. Desde Kant, lo que el filósofo tiene que pensar es el tiempo -Hegel, Bergson, Heidegger-, con una descalificación correlativa del espacio que aparece del lado del entendimiento, de lo analítico, de lo conceptual, de lo muerto, de lo fijo, de lo inerte. Recuerdo haber hablado, hace una docena de años de estos problemas de una política de los espacios, y se me respondió que era bien reaccionario insistir tanto sobre el espacio, que el tiempo, el proyecto, era la vida y el progreso. Conviene decir que este reproche venía de un psicólogo -verdad y vergüenza de la filosofía del siglo XIX-.

En estos temas de vigilancia, y en particular de la vigilancia escolar, los controles de la sexualidad se inscriben en la arquitectura. En el caso de la Escuela militar las paredes hablan de la lucha contra la homosexualidad y la masturbación.

MEDICALIZACIÓN DEL ESPACIO E HIGIENE SOCIAL.

Siguiendo con la arquitectura, cabe decir que individuos como los médicos, cuya participación social es considerable a finales del siglo XVIII, han desempeñado de algún modo un papel de organizadores del espacio. La higiene social nace entonces; en nombre de la limpieza, la salud, se controlan los lugares que ocupan unos y otros. Y los médicos, con el renacimiento de la medicina hipocrática, se sitúan ente los más sensibilizados al problema del entorno, del lugar, de la temperatura, datos que encontramos en la encuesta de Howard sobre las prisiones.

Los médicos eran entonces en cierta medida especialistas del espacio. Planteaban cuatro problemas fundamentales: el de los emplazamientos (climas regionales, naturaleza de los suelos, humedad y sequedad: bajo el nombre de “constitución”, estudiaban la combinación de los determinantes locales y de las variaciones de estación que favorecen en un momento dado un determinado tipo de enfermedad); el de las coexistencias (ya sea de los hombres entre sí: densidad y proximidad; ya sea de los hombres y las cosas: aguas, alcantarillado, ventilación; ya sea de los hombres entre sí: densidad y proximidad; ya sea de los hombres y los animales: mataderos, establos; ya sea de los hombres y los muertos: cementerios); el de las residencias (habitat, urbanismo); el de los desplazamientos (emigración de los hombres, propagación de las enfermedades). Los médicos han sido con los militares, los primeros gestores del espacio colectivo. Pero los militares pensaban sobre todo el espacio de las “campañas” (y por lo tanto el de los “pasos”) y el de las fortalezas. Los médicos han pensado sobre todo el espacio de las residencias y el de las ciudades. No recuerdo quién ha buscado en Montesquieu y en Augusto Comte las grandes etapas del pensamiento sociológico. Es ser bien ignorante. El saber sociológico se forma más bien en prácticas tales como las de los médicos. Guepin ha escrito en los mismos comienzos del siglo XIX un maravilloso análisis de la ciudad de Nantes.

De hecho, si la intervención de los médicos ha sido tan capital en esta época, se debe a que estaba exigida por todo un conjunto de problemas políticos y económicos nuevos: la importancia de los hechos de población.

Es chocante además la gran cantidad de personas que se ven concernidas por la reflexión de Bentham. En distintos sitios dice haber resuelto los problemas de disciplina planteados por un gran número de individuos a cargo de unos pocos.

III

Foucault, vigilar y castigar

  1. FOUCAULT

Una visión crítica de la civilización europea.

Protesta generalizada contra los suplicios. 2ª mitad del s. XVIII Necesidad de Castigar sin Suplicios

Durante el siglo XVIII se produce la crítica a los modos de castigo, por parte de juristas, filósofos, magistrados, etc. los cuales buscan nuevas formas o modos de castigo que no muestren la tiranía del poder ni la desesperación de las víctimas, abandonadas a una sed de venganza por parte del poder establecido. La condición “humana” de los delincuentes se ha de hacer respetar con el abandono de métodos de castigo que impliquen el suplicio símbolo de barbarie. La “humanidad” ha de ser la “medida” que de pie al camino de la benignidad dentro del aparato judicial. Desde fines del siglo XVIII se produce una sensible disminución de los crímenes de sangre reemplazados por un aumento de los delitos sobre la propiedad por parte de una delincuencia más organizada e individualista, profesional, consecuencia de una modificación de la economía, elevación del nivel de vida, crecimiento demográfico, necesidad de seguridad como consecuencia, aumento del robo. Se desarrolla una aparato policíaco que impida el desarrollo de una criminalidad organizada. Aunque los suplicios aún son frecuentes, los reformadores ya atacan la justicia tradicional, su irregularidad y el exceso y abuso de los castigos. Se produce la discusión sobre la organización del poder judicial. Poder “desnaturalizado” por la venta de jueces, los privilegios, la irregularidad en la justicia penal, la justicia en los diferentes conflictos se ve interferida por los privilegios de los señores, de los tribunales soberanos, muchas son las manos que pretenden la administración de la justicia incluso al margen del procedimiento regular de la justicia, conflictos internos de competencias, intereses particulares, etc. Los reformadores critican la mala distribución del poder jurídico que lleva a sentenciar arbitrariedades, exceso de poder tanto de los jueces como del soberano que puede suspender el curso de la justicia, distribuir, modificar decisiones, etc. Un sobrepoder monárquico que identifica el derecho de castigar con el poder personal del rey, unos magistrados propietarios de sus cargos, indóciles llevan a conflictos de poder y jurisdicción, unas veces indulgente e insegura, otras precipitada y severa. El verdadero objetivo de la reforma no es tanto fundar un nuevo derecho de castigar a partir de principios más equitativos, sino establecer una nueva “economía” del poder de castigar, mejor distribución de este poder.

CONSTITUCIÓN DE UNA NUEVA ECONOMÍA Y TECNOLOGÍA DEL PODER DE CASTIGAR

Ilegalidades en el Antiguo Régimen y reforma penal del s.XVIII.

Los reformadores critican el exceso de castigar y su irregular aplicación:

Los oficios de juez se venden

Confusión entre legisladores y el administrador de justicia

Privilegios que vuelven desigual el ejercicio de la justicia

Irregularidad en las instancias encargadas de su cumplimiento: – Hay una justicia para los religiosos – Tribunales especiales para los poderosos – La policía tiene funciones judiciales – El poder del rey

Esta multitud de instancias se estorban unas a otras a causa de conflictos internos de competencia, intereses particulares, políticos, económicos. La acusación tiene exceso de poder, el acusado está indefenso. Los hombres del rey tienen exceso de poder, pueden suspender el curso de la justicia. El poder monárquico identifica el derecho a castigar con el poder personal del soberano. Hay que descentralizar el poder y no dividirlo entre unas instancias que se oponen unas a otras. La reforma ha sido preparada en lo esencial desde el interior, por un gran número de magistrados. · El rey no puede ingerir en la justicia · Separación del poder legislativo y judicial · Castigar mejor, no menos. La reforma combate los ilegalismos que estaban frecuentemente arraigados en la sociedad, excepto para los más desfavorecidos. Estos tenían ciertas paradojas: “La reforma penal nació en la conjunción de la lucha contra el sobrepoder del soberano y la lucha contra el infrapoder de los ilegalismos conquistados”. Las razones de la reforma son:

Nuevas técnicas del castigo

Nuevos principios reguladores

Extender el arte del castigo universalmente

Homogeneizar el ejercicio del castigo

Disminuir el coste económico del castigo y aumento de la eficacia

El criminal aparece como el que ha roto un pacto, volviéndose enemigo de la justicia. La reorganización es tan fuerte, que se vuelve el castigo aún más terrible; pronto se clama por parte de la sociedad el cese de tales crueldades, se clama un trato más humano con el criminal, regularizando los efectos del poder.

El daño del criminal debe ser castigado, pues si no, puede volver a repetirse

El castigo va en proporción al daño causado a la sociedad.

La pena hay que calcularla no en función del crimen, sino de su repetición posible.

Hacer de modo que el malhechor no pueda tener ni el deseo de repetir, ni la posibilidad de contar con imitadores.

El castigo debe mirar el porvenir y una de sus funciones mayores el prevenir.

El castigo más que intenso debe de estar repartido por todas partes homogéneamente, y de manera continua; ha de ser más regular, más eficaz y constante, disminuyendo su costo económico y político. Esta reforma es iniciada desde dentro del mismo aparato judicial por parte de algunos magistrados y juristas que le delinearon en líneas o principios generales. Busca poder jugar sin la intervención de la soberanía, independiente de las relaciones de propiedad, que no dependa de los privilegios. Su objetivo es hacer del castigo y de la represión de los ilegalismos una función regular, coexistiva a la sociedad, castigar mejor aunque con una severidad atenuada, con más universalidad. Introducir el poder de castigar más profundamente en el cuerpo social. Es una nueva política ante los ilegalismos del Antiguo Régimen donde los diferentes estratos sociales tenían cada cual su margen de ilegalidad tolerada, eran privilegios concedidos a individuos y comunidades.

Hasta las clases más desfavorecidas se beneficiaban de los márgenes concedidos por las leyes dentro de un marco de tolerancia; la criminalidad se fundaba en un amplio ilegalismo; el juego recíproco de los ilegalismos formaba parte de la vida política y económica de la sociedad. Pero ya en el siglo XVIII el proceso tiende a invertirse, con el aumento de riqueza y el empuje demográfico el blanco general del ilegalismo popular, ya no son los “derechos” sino los bienes, el robo tiende a desplazar al contrabando y la lucha armada contra los agentes del fisco. Ahora esas tolerancias que el pueblo había conseguido les son negadas y perseguidas, se produce una represión rigurosa del ilegalismo. Se hace necesario ante este clima de cambio de actitudes, controlar y hacer entrar en el código todas las prácticas ilícitas, definir y castigar las infracciones que en esa masa de irregularidades toleradas y sancionadas de manera discontinua, determinando que es infracción intolerable y que castigo le corresponde. La economía de los ilegalismos se ha reestructurado con el desarrollo de la sociedad capitalista. Esto se traduce en una especialización de los circuitos judiciales: para los ilegalismos de bienes (robos) los tribunales ordinarios y los castigos, para los ilegalismos de derechos (fraudes) más jurisdicciones especiales para la burguesía. Se precisa de una estrategia y técnicas de castigo que reemplacen las antiguas; la reforma penal ha nacido entre la lucha del sobrepoder soberano y la lucha contra el infrapoder de las ilegalidades conquistadas y toleradas. Dentro de esta reforma penal que critica los suplicios es la humanidad de las penas la regla en que se basan los castigos fijando límites a unos y otros. La nueva legislación criminal se caracteriza por un suavizamiento de las penas, una codificación más clara, una disminución de la arbitrariedad y una coacción más rigurosa para mantener su nueva ordenación. El fin es encontrar nuevas técnicas para adecuar los castigos y adaptar los efectos, regulación de los castigos, disminuir su costo económico y político aumentando su eficacia. El criminal es enemigo de la sociedad y el delito ataca a la sociedad entera. La sociedad entera se halla presente en su castigo del delito. El castigo penal es pues función generalizada. El derecho de castigar ha sido trasladado de la venganza del soberano a la defensa de la sociedad. Pero el castigo es más moderado, mas humano ya que la justicia anterior trataba de manera inhumana al fuera de la ley. El castigo es para prevenir posibles delitos similares y debe tener como objetivo las consecuencias del delito. La proporción entre la pena y la calidad del delito está determinada por las influencias que tiene sobre el orden social el pacto que viola. La pena se calcula en función no del crimen sino de su posible repetición.

Reglas para la nueva técnica del castigo:

Técnica de los signos punitivos

“Prevenir” justifica el derecho a castigar y hay que castigar lo suficiente para impedir la reaparición del delito. La técnica de los signos punitivos es para los reformadores un instrumento económico y eficaz para reducir el campo de los ilegalismos.

1.- REGLA DE LA CANTIDAD MÍNIMA: El castigo debe ser superior al beneficio del crimen, Se comete un crimen porque procura ventajas. Si se procura a la idea del crimen la idea de una desventaja mayor, cesaría de ser deseable.

2.- REGLA DE LA IDEALIDAD SUFICIENTE: El castigo se debe basar en la desventaja que se le presenta al criminal a la hora de hacer un crimen, no en el dolor físico del cuerpo. El castigo no tiene que emplear el cuerpo sino la representación, el recuerdo de un dolor puede impedir la recaída, lo que debe llevarse al máximo es la representación de la pena, no su realidad corporal.

3.- REGLA DE LOS EFECTOS LATERALES: La pena debe actuar más intensamente sobre los que no han cometido la falta. Si se pudiera tener la certeza de que el culpable es incapaz de reincidir, bastaría con hacer creer a los demás que ha sido castigado. Entre las penas y la manera de aplicarlas en proporción a los delitos, hay que elegir los medios que hagan en el ánimo del pueblo la impresión más eficaz y duradera y así como la menos cruel sobre el cuerpo culpable.

4.- REGLA DE LA CERTIDUMBRE ABSOLUTA: Es preciso que la acción criminal vaya asociada a la idea de un castigo determinado. Esto determina que las leyes sean claras y se publiquen, teniendo todo el mundo acceso a ellas. Estas deben ser inexorables y los ejecutores inflexibles.

5.- REGLA DE LA VERDAD COMÚN: (Inocente hasta que se demuestre lo contrario) El antiguo sistema de pruebas legales, basado en la tortura y confesión por la fuerza, las convertirá en semipruebas. Estas derivaran en semiverdades y semiculpables. Una presunción llevaba aparejada un grado de pena; la verificación del crimen debe obedecer a los criterios generales de toda verdad. La verdad del delito no puede admitirse hasta que sea enteramente probada y hasta la demostración final del delito, debe considerarse inocente al inculpado.

6.-  REGLA DE ESPECIFICACIÓN ÓPTIMA: Calificación de todas las infracciones clasificadas y reunidas en un código suficientemente preciso para que cada tipo de infracción esté claramente presente en él. Un código exhaustivo y explícito que defina los delitos y fije las penas. Pero también es necesaria la individualización de las penas conforme a los caracteres singulares de cada delincuente y elementos que permitan calificar el propio acto. Variables como “circunstancias” o “intencionalidad” permiten calificar el propio acto, así como el modo de vida, la forma de pensar, etc. Se trata de que cada infracción particular y cada individuo punible puedan caer sin arbitrariedad bajo el peso de la ley general. Los delitos se particularizan en la más exacta gradación. El concepto de reincidencia aparece a fines del s. XVIII, se les puede duplicar la pena, poner la máxima o la inmediata superior. Poco a poco, la diferencia entre criminal primerizo y reincidente se hace más importante. Aparecen el criminal pasional, irreflexivo, involuntario.

Se trata en suma de una serie de reglas que exigen la suavidad como una economía calculada del poder de castigar. Se pide la no aplicación de ese poder al cuerpo, sino que sea el espíritu el que reciba la representación del castigo.

Condiciones de las nuevas sanciones para el buen funcionamiento de éstas:

El arte de castigar debe apoyarse en una técnica de la representación. Encontrar el castigo correcto a cada delito es encontrar la desventaja que impida al criminal el deseo de delinquir. Es necesario estas condiciones:

Ser lo menos arbitrario posible, para que la relación entre delito y castigo sea directa Las penas deben ser naturales por institución: a quiénes abusen de la libertad pública se les privará de la suya, la muerte castigará el asesinato, etc. Reformadores como Peletier, dice: “Son necesarias unas relaciones exactas entre la naturaleza del delito y la del castigo”. Las penas son crueles y similares al Antiguo Régimen, pero el castigo deriva del crimen.

Este juego de signos se basa en disminuir el deseo que hace atractivo el delito, por temor al castigo. Así a los vagos no hay que encerrarlos, sino obligarlos a trabajar. Al ladrón hay que enseñarle la maldad del delito que comete al perder él mismo como castigo la libre disposición de sus bienes, para que respete a los demás.

Utilidad de una modulación temporal: La pena para ser útil debe ser temporal y no permanente. Al ser temporal se puede reformar al condenado, si no tuviera límite sería inútil. A aquéllos que no se puede reformar son a los asesinos y traidores (el código de 1791 los condena a muerte). El resto de penas deben tener un máximo de 20 años de prisión. Se prevé un aligeramiento de la pena, conforme se va cumpliendo.

El condenado tiene que ver en la pena, que perjudica a toda la sociedad y por eso es condenado. Lo ideal es que el condenado fuera un esclavo al servicio de todos, de ahí que los reformadores hayan propuesto siempre los trabajos públicos como una de las mejores penas posibles.

El castigo público debe ser entendible y el público sacar una lección de él. Debe tener un ritual cuyo sentido ha de ser claro para todos. Cada elemento de su ritual debe hablar, decir el crimen, recordar la ley, demostrar la necesidad de castigo. Hay que hacer propaganda del castigo, no para aterrorizar sino como lección para el pueblo. La pena aplicada en secreto es pena perdida. Hay que llevar incluso a los niños para que aprendan.

Esto invertirá el tradicional discurso del delito que reconoce al criminal un cierto aire glorioso, contado en relatos populares. Con una buena ceremonia de castigo, el crimen aparece como una desdicha y el malhechor como un enemigo al que hay que reinsertar. La pena máxima será contra el parricida, al cual se encierra sin ojos en una jaula colgada y alimentado a pan y agua hasta el fin de sus días.

Incompatibilidad entre el concepto tradicional de prisión y las nuevas técnicas de castigo:

La prisión de presenta como una pena más, no como la forma general de castigo. Es el castigo específico de los que atentan contra la libertad del individuo (rapto). Deben cumplirse otras penas como el trabajo forzado. La cárcel es criticada por los reformadores, porque es incapaz de responder a las especificadas de los delitos; es también inútil y costosa a la sociedad: mantiene ociosos a los criminales multiplicando sus vicios. La prisión es incompatible con esta técnica pena – efecto. Actualmente la prisión ocupa entre la muerte y las multas casi todo el campo de castigos posibles. Los trabajos forzados son una forma de cárcel. Detención, reclusión, prisión correccional son nombres distintos de un mismo castigo, una gran arquitectura cerrada y compleja, jerarquizada, que priva al delincuente de su libertad. El teatro primitivo soñado en el siglo XVIII ha sido sustituido por el gran aparato uniforme de las prisiones de toda Europa. Las penas se dividen en tres formas de detención: el calabozo, donde la pena de encierro se agrava con diversas medidas (soledad, falta de luz y alimentos, etc.) La Gêne donde estas medidas están atenuadas y finalmente la prisión o encierro puro y simple. Todos los delitos son aquí tratados de la misma manera y remedio modulada de acuerdo a su duración. La prisión no es considerada una pena sino que es una garantía de que la persona queda en prenda en persona y cuerpo, sólo es pena en casos como la sustitución de la pena a galeras. Muchos critican la prisión como incompatible con una buena justicia pero acaba imponiéndose como un caso que garantizase la pedagogía universal del trabajo para aquellos que se muestran refractarios al mismo. Sus ventajas son muchas desde el punto de vista económico para el estado que forma así una multitud de obreros nuevos. Pronto una red de prisiones se extenderá por toda Europa. Pronto todos los delitos son penados con la cárcel, en mayor o menor grado y con penas adicionales. La transformación se produce al importarse el modelo de prisión de América o Inglaterra. De las prisiones imaginadas por los reformadores, se da paso a la realidad de la cárcel. · Duración de las penas en relación a la actitud del preso · Trabajo obligatorio y común (la celda individual se utiliza como castigo) · Vigilancia continua · Medidas para atraerlos al bien y apartarlos del mal · El modelo inglés agrega el aislamiento, la promiscuidad en la prisión proporciona malos ejemplos y posibilita la evasión, el chantaje y la complicidad en el futuro. · El aislamiento hace recapacitar al condenado, apartándolo de las malas influencias. · La prisión se convierte en un aparato para modificar a los individuos: Reformatorio

La prisión convertida en reformatorio:

El individuo, aislado de malas influencias reflexiona y encuentra en el trabajo solitario un ejercicio tanto de conversión como de aprendizaje (moralidad). Se producirá una transformación individual que devolverá al estado los individuos que había perdido. El reformatorio es encarcelamiento con fines de transformación del alma y la conducta, detención aislada, trabajo regular, influencia religiosa, todo ayuda al individuo a corregirse y adquirir el hábito de trabajo. Este hecho tiene su retribución, que además de ayudar a la prisión a autofinanciarse, ayuda al individuo por medio de la retribución personal de los presos a reinsertarse moral y materialmente en la sociedad y la economía. También se realiza un trabajo de modificación del espíritu por parte de los inspectores que tratan de fortalecer en el individuo sus obligaciones morales, haciéndoles ver la infracción que han cometido y el daño que han causado. Lo animan a cumplir su deber con alegría y a conducirse decentemente, haciéndoles esperar el acortamiento de la sentencia. Con su observación pueden solicitar el perdón de aquellos que consideran reinsertables tras estas técnicas correctivas. Estos principios generales se ponen en marcha en Inglaterra en 1779, cuando la independencia de EE.UU. impide las deportaciones. Se proyectan dos penitenciarías para aislar a los presos y someterlos a trabajos serviles. En Filadelfia se abre una prisión (secta de los cuáqueros) . La prisión se financia por el trabajo de los presos, quiénes tenían su salario… El preso tenía un control estricto del tiempo y estaba bajo una vigilancia ininterrumpida. La duración variaba según la conducta del preso. La prisión americana recibe un informe de cada condenado. Es observado y cada semana un inspector designa a quiénes se puede solicitar el perdón. La prisión funcionará como un aparato de saber, que conoce a fondo a cada individuo. Puntos de convergencia entre el aparato primitivo inglés y americano y todos los castigos imaginados por los reformadores. Los reformatorios se atribuyen también la función de evitar nuevos delitos, no la de borrar los hechos.

Las penas estarán abiertas a las variables individuales

Las diferencias están en el procedimiento de acceso al individuo

Los reformadores hacen hincapié sobre las representaciones del castigo

Las cárceles actúan sobre el cuerpo y el tiempo Los instrumentos utilizados no son juegos de representación que se refuerzan y se hacen circular, sino formas de coerción, esquemas de coacción aplicados y respetados. A finales del s. XVIII encontramos tres maneras de organizar el poder de castigar:

Funciona y se apoya en el derecho monárquico (la marca) Representa el castigo como un ceremonial de soberanía – Venganza sobre el cuerpo del condenado – El soberano aparece por encima de sus propias leyes

Tiene una concepción preventiva y correctiva (el signo) Los juristas reformadores utilizan el castigo para recalificar a los individuos. La institución carcelaria utiliza el castigo como técnica de coerción, pone en acción procedimientos de sometimiento del cuerpo, no signos.

El aparato administrativo (el rastro)

Finalmente, Foucault se pregunta: ¿Cómo el modelo coercitivo, corporal, solitario, secreto del poder de castigar ha sustituido al modelo representativo, escénico, significante, público, colectivo?

Comentario de texto:

“Que las penas sean moderadas y proporcionadas a los delitos, que la muerte no se pronuncie ya sino contra los culpables de asesinato, y que los suplicios que indignan a la humanidad sean abolidos”. La protesta contra los suplicios se encuentra por doquier en la segunda mitad del siglo XVIII: entre los filósofos y los teóricos del derecho; entre juristas, curiales y parlamentarios; en los Cuadernos de quejas y en los legisladores de las asambleas. Hay que castigar de otro modo: deshacer ese enfrentamiento físico del soberano con el condenado; desenlazar ese cuerpo a cuerpo, que se desarrolla entre la venganza del príncipe y la cólera contenida del pueblo, por intermedio del ajusticiado y del verdugo. Muy pronto el suplicio se ha hecho intolerable. Irritante, si se mira del lado del poder, del cual descubre la tiranía, el exceso, la sed de desquite y el “cruel placer de castigar”. Vergonzoso, cuando se mira del lado de la víctima, a la que se reduce a la desesperación y de la cual se quisiera que todavía bendijera “al cielo y a sus jueces de los que parece abandonada”. Peligroso de todos modos, por el apoyo que en él encuentran una contra otra, la violencia del rey y la del pueblo. (Foucault, M. Vigilar y castigar).

En el texto, Foucault viene a hacernos una crítica de la civilización europea. Nos habla de una protesta generalizada contra los suplicios y los modos de castigo que se daban en la 2ª mitad del siglo XVIII. Se produce una crítica, por parte de juristas, filósofos y magistrados, sobre los métodos y las formas de castigo, y abogan por nuevos métodos que no muestren la tiranía del poder, ni la desesperación de las víctimas, abandonadas a una sed de venganza por parte del poder establecido, donde la víctima no tiene opción a defenderse ante la injusticia de los privilegios, y en busca de un castigo igualitario y equitativo para los delincuentes de todas las clases sociales y acorde al delito cometido. Los reformadores critican la mala distribución del poder jurídico que lleva a sentencias arbitrarias, exceso de poder tanto de jueces como del propio soberano, un sobrepoder monárquico que identifica el derecho de castigar con el poder personal del rey. La reforma que pretenden los filósofos, y los teóricos del derecho se basa en la constitución de una nueva economía y tecnología del poder de castigar. Busca poder juzgar sin la intervención de la soberanía y que esta capacidad de juzgar no dependa de los privilegios. Pretende hacer del castigo y de la represión de los ilegalismos, una función regular, conextensiva a la sociedad. Es una nueva política ante los ilegalismos del Antiguo Régimen, donde los diferentes estratos sociales tenían cada cual su margen de ilegalidad tolerada, eran privilegios concedidos a individuos y comunidades. La nueva reforma presentará al criminal como enemigo de la sociedad, ya que el delito ataca a la sociedad entera. El derecho de castigar se trasladará de la venganza del soberano a la defensa de la sociedad, los castigos serán mas humanos, pues la justicia de la que nos habla el texto trata de manera inhumana al ” fuera de la ley”. El texto podemos encuadrarlo en los últimos años del Antiguo Régimen, y lo que en realidad pretenden los reformadores es la supresión de la sociedad estamental y la división de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) que durante el Antiguo Régimen. eran ostentados por el Rey. Nos encontramos a las puertas de la Revolución Francesa, (el texto nos habla de los Cuadernos de quejas, que eran elaborados por los ciudadanos) que consiguió abolir la sociedad estamental y la división de poderes. Foucault, filósofo contemporáneo, en su obra Vigilar y castigar, nos hace una visión.

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Universidad Complutense de Madrid

(1)  Dr. Adolfo Vásquez Rocca del Curso de doctorado, Teoría del conocimiento e historia de los sistemas de pensamiento. semestre de primavera 1999, Dr. Jacobo Muñoz, Universidad Complutense de Madrid.

Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización Antropología y Estética. Miembro de la Sociedad Española de Estética y Teoría de las Artes. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Profesor de Antropología y Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello UNAB. Profesor Adjunto Escuela de Psicología y de la Facultad de Arquitectura UNAB. –Miembro Titular del Consejo Editorial Internacional de Errancia,  Revista de Psicoanálisis, Teoría Crítica y Cultura –UNAM– Universidad Nacional Autónoma de México. –Miembro del Consejo Editorial de Ludus Complexus: revista multiversitaria de complejidad, publicación científica del Doctorado Internacional en Pensamiento Complejo – Multiversidad Edgar Morin. Integrante del Comité científico de Revista Trama Interdisciplinar -Revista do Programa de Pós-Graduação Interdisciplinar em Educação, Arte e História da Cultura, Universidade Presbiteriana Mackenzie, São Paulo – SP, 01302-907, Brasil. Director de Revista Observaciones Filosóficas.  Profesor Asociado al Grupo Theoria – Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado –UCM.  Eastern Mediterranean University – Academia.edu. Académico Investigador de la Vicerrectoría de Investigación y Postgrado, Universidad Andrés Bello. Consultor Experto del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad (CNIC) –Ha publicado el Libro: Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización, Colección Novatores, Nº 28, Editorial  de la Institución Alfons el Magnànim (IAM), Valencia, España,  2008.  Profesor de Postgrado, Magíster en Biología-Cultural, Escuela Matríztica de Santiago y Universidad Mayor 2013–2014 –Investigador Asociado y Profesor adjunto de la Escuela Matríztica de Santiago. Profesor de Postgrado, Magíster en Biología-Cultural, Escuela Matríztica de Santiago y Universidad Mayor. Académico Investigador de Postgrado Multiversidad Mundo Real Edgar Morin; Programa de Doctorado Internacional en Pensamiento Complejo dictado por el Centro Mundial de Altos Estudios para la transformación social desde las Ciencias de la Complejidad, la Transdisciplina y el Pensamiento Complejo, 2015.

 

BIBLIOGRAFÍA  MICHEL FOUCAULT

  FOUCAULT, M.,   Microfisica del poder (1980).52

    / Histoire de la sexualité, 1. La volonté de savoir (1976) / Historia de la sexualidad, 1: La voluntad de saber, Siglo XXI, 2005

    Histoire de la sexualité, 2. L’usage des plaisirs (1984) Historia de la sexualidad, 2: El uso de los placeres, Siglo XXI, 2005

    Histoire de la sexualité, 3. Le souci de soi (1984). /Historia de la sexualidad, 3: La inquietud de sí, Siglo XXI, 2005

    La peinture de Manet (1989), / La pintura de Manet Alpha Decay, Barcelona, 2004.

    Dits et écrits (1994), 4 vols., recopilación de todos sus artículos y entrevistas.

    Cours au Collège de France (1997-201553 ), 13 vols., por Gallimard-Le Seuil. Son:

        Leçons sur la volonté de savoir, 2011 / Lecciones sobre la voluntad de saber (tr. Akal, 2013)

        Théories et institutions pénales, 2015 / Teorías e instituciones penales

        La société punitive, 2013 / La sociedad punitiva

        Le pouvoir psychiatrique, 2003 / El poder psiquiátrico (tr. Akal, 2005)

        Les anormaux, 1999 / Los anormales (Akal, 2001)

        «Il faut défendre la société», 1997 / Traducido alternativamente como Hay que defender la sociedad, Defender la sociedad o también Genealogía del racismo (Akal, 2003)

        Sécurité, territoire, population, 2004 / Seguridad, territorio, población (Akal, 2008)

        Naissance de la biopolitique, 2004 / Nacimiento de la biopolítica (Akal, 2009)

        Du gouvernement des vivants, 2012 / Del gobierno de los vivos (FCE, 2014)

        Subjectivité et vérité, 2014 / Subjetividad y verdad

        L’Herméutique du sujet, 2001 / La hermenéutica del sujeto (Akal, 2005)

        Le gouvernement de soi et des autres, 2008 / El gobierno de sí y de los otros (Akal, 2011)

Le courage de la vérité. Le Gouvernement de soi et des autres, II, 2009. / El coraje de la verdad. El gobierno de sí y de los otros II (FCE, 2010)

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Bisogna avere in sé il caos per partorire una stella che danzi. -- (---) -- Il mio tempo non è ancora venuto; alcuni nascono postumi.

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Non voglio seguaci, persone ubbidienti. Voglio amici intelligenti, compagni di viaggio.

Lo disse… NEWTON

Platone è il mio amico, Aristotele è il mio amico, ma il mio migliore amico è la verità.

Lo disse… Diogene il Cinico

(ad Alessandro che gli chiedeva cosa potesse fare per lui) “Sì, stai un po’ fuori dal mio sole”

Lo disse… Joseph Pulitzer

Presentalo brevemente così che possano leggerlo, chiaramente così che possano apprezzarlo, in maniera pittoresca che lo ricordino e soprattutto accuratamente, così che possano essere guidati dalla sua luce.

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2 Comments on Foucault: La Arquitectura como modo de organización Política

  1. Reblogged this on ADOLFO VASQUEZ ROCCA and commented:

    Foucault: La Arquitectura como modo de organización Política

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  2. Dr. Adolfo Vásquez Rocca, “Foucault: La Arquitectura como modo de organización Política”. Rosebud, Dublin, Ireland – Year 7º. https://rinabrundu.com/2017/05/30/la-arquitectura-como-modo-de-organizacion-politica/

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