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ECOS DE ANTÍGONA EN PLANTEOS PLATÓNICOS

L’AFORISMA DEL GIORNO – DAILY QUOTE

La libertà intellettuale è una tradizione profondamente radicata, senza la quale è improbabile che esisterebbe la nostra cultura specificatamente occidentale. È una tradizione alla quale molti dei nostri intellettuali stanno visibilmente voltando le spalle.
(George Orwell)

I NOSTRI AFORISMI – OUR QUOTES

Non dico che per rinnovare la fiducia al renzismo occorra essere ad un tempo rincoglioniti e coglioni, però aiuta! (Rina Brundu)

Antígonade Marcos Fabián Polisena

Estudiante de Licenciatura en Filosofía

Universidad Nacional del Nordeste (UNNE)

INTRODUCCIÓN

La época contemporánea nos desafía a proponer nuevas miradas hacia cuestiones clásicas y volver vigentes reflexiones antiguas.

El marco de esta investigación gira en torno a la meditación sobre cómo el planteo filosófico en La República de Platón es eco del dilema trágico en Antígona, de Sófocles.

La Justicia es el bien más precioso por ser ella virtud y eje desde donde solucionar las cuestiones éticas en relación a la educación de los ciudadanos.

El objetivo del presente trabajo es examinar la importancia de preservar las virtudes σωϕροσύνη, δικαιοσύνη, ἀνδρεία, ϕρόνησις, εὐβουλία como principios constituyentes de un Estado justo, mediante la educación, y que, desatender o transgredir algunas de estas produce injusticia (ἀδικίαν) conduciendo a un desencadenamiento inevitable de consecuencias que terminan en la ruina del Estado.

La problemática se articula frente aspectos específicos del espíritu humano. Quebrantar los límites de manera arrogante e imprudente arrastra a un conjunto de derivaciones futuras adversas no sólo para quien obra sino para el entorno.

Platón establece en La República que la práctica correcta de las leyes deviene de la educación porque de lo contrario los estados que “pasaron su vida redactando cada día nuevos reglamentos sobre todos estos artículos, los adicionarán haciendo correcciones sobre correcciones, imaginándose siempre que así conseguirán la perfección”. [1]

Para Platón, cada ciudadano debe dedicarse a lo que le corresponda, y no atribuirse oficios que no le pertenecen, de lo contrario cae en corrupción ocupando un lugar inadecuado.

Aquí es donde entra en juego el concepto de Justicia, “(…) la justicia consiste en que cada uno haga lo que tiene la obligación de hacer”[2]. Es decir que, las tres principales funciones del Estado que describe el filósofo: la de los negociantes, la de los guardianes y la de los auxiliares, no traspasen los límites de su deber. “Luego la posesión y práctica de lo que a cada uno corresponde será lo que consideramos justicia”. [3]

Lo dicho se observa como antecedente en la obra de Sófocles, cuando se genera un escenario de transgresión por la desobediencia de Antígona ante las leyes (νόμος)   dictadas por Creonte. La obra muestra un dilema trágico en el cual se enfrentan las leyes divinas de dar a los muertos los honores fúnebres y la del tirano, que prohíbe dar sepultura a Polinices, por considerarlo un enemigo de la ciudad.

Al decretar la ley, Creonte incurre en arrogancia contra los dioses tomándose atribuciones que en sí son transgresiones, lo que conduce a inevitables consecuencias nefastas para su Estado. Por ello son relevantes en el presente análisis las nociones de Justicia, Injusticia, Conducta Humana, Reflexión Ética.

I

EL INJUSTO DECRETO DE CREONTE

Ὁ τοῦ Κρέοντος ἄδικος νόμος

La Justicia es la fuerza desde la cual mantener el orden social dentro de la πόλις y ésta encuentra su manifestación en las acciones del hombre (ἄνθρωπος)

Antígona supone el planteo moral trágico por excelencia, algunos pensadores la destacan como la mejor obra literaria de la historia.

Hemos encontrado, tras un esfuerzo de lectura, análisis, compilación e investigación filosófica, un antecedente análogo al planteo platónico sobre la Justica de La República, en la tragedia de Sófocles, Antígona.

Comenzaremos con una noción inicial que se muestra luego de la primera párodos de Antígona:

οὔτ ἄν ϕίλον ποτ᾽ ἄνδρα δυσμῆ χϑονὸς

ϑείμην ἐμαντῷ, τοῦτο γιγνώσκων ὃτι

ἥδ ἐστὶν ἡ σώζουσα καὶ ταὺτης ἔπι

πλέοντες ὀρθῆς τοὺς ϕίλους ποιούμεθα

τοιοῖσδ᾽ ἐγὼ νόμοισι τήνδ᾽ αὒξω πόλιν[4]

Creonte: “Ni voy a hacer amigo mío a un hombre que fuera hostil al país, sabiendo que es éste el que nos salva y que, navegando sobre él, es como felizmente haremos los amigos. Con estas normas pretendo yo engrandecer la ciudad”

En este episodio se produce el decreto de Creonte de no dar sepultura a Polinices, hermano de Antígona y Eteocles. El argumento que muestra el recién asumido gobernante resulta del asedio a la ciudad de Tebas que había ejecutado Polinices al intentar recuperar el trono que le hubo negado su hermano.

Polinices pasa, entonces, a ser considerado enemigo de la πόλις y Creonte lo castiga negándole un entierro digno.

Podemos observar una lógica similar en el libro I de La República, cuando Sócrates le pide a Polemarco la definición que da Simónides de  la justicia (δικαιοσύνη)

 “Polemarco –Dice que la justicia es dar a cada uno lo que se le debe (…)”

τὸ τα ὀϕειλόμενα ἑκάστῳ ἀποδιδόναι δίκαιόν ἐστι[5]

El diálogo entre Sócrates y Polemarco continúa: (Libro I, 432b)

“Sócrates -Pero ¿debe darse a los enemigos lo que se les debe?”

“Polemarco -Sí, sin duda, lo que se les debe; pero a un enemigo no se debe más que lo que conviene que se le deba, es decir, el mal.”

“Sócrates -Simónides, por lo tanto, se ha explicado como poeta y al parecer, que consistía en dar a cada uno de lo que lo que le conviene, aunque lo haya expresado como lo debido.”

“(…) Sócrates -¿Y este arte que se llama justicia, qué da y a quien lo que le conviene?”

“Polemarco –Sócrates, si hemos de atenernos a lo que se ha dicho más arriba, la justicia produce ventajas para los amigos y daño para los enemigos.”

τοὺς μέν ϕίλους εὖ ποιεῖν, τοὺς δ᾽ ἐχθροὺς κακῶν

“beneficiar a los amigos y perjudicar a los enemigos”

Esta frase de Polemarco puesta en escena a propósito por Platón nos sumerge en un planteamiento propio del heroísmo épico acerca de las implicancias prácticas que tiene la Justicia; ésta no puede ser un beneficio para los amigos (ϕίλοι) e, inversamente proporcional, un perjuicio para los enemigos (ἐχθροὶ) porque, de ser así caeríamos inevitablemente en un interminable círculo vicioso que desembocaría en el  χάος de la πόλις.

En la tragedia de Antígona vemos cómo el soberano Creonte, utiliza este mismo criterio para intentar establecer Justicia.

 (vv. 199-208)”Creonte: Pero a su hermano -me refiero a Polinices-, que en su vuelta como desterrado quiso incendiar completamente su tierra y a las deidades de su raza, además de alimentarse de la sangre de los suyos, y quiso llevárselos en cautiverio, respecto a éste ha sido ordenado por un heraldo de esta ciudad que ninguno le tribute los honores postreros con un enterramiento, ni le llore. Que se le deje sin sepultura y que su cuerpo sea pasto de las aves de rapiña y de los perros, y ultraje para la vista. Tal es mi propósito (…)”.[6]

Esta es la primera decisión imprudente que toma Creonte cuando impone una ley que sobrepasa los límites de su poder.

Por ello, esta postura absolutista trae consecuencias nefastas para el mismo Creonte, y a su vez trae implicancias para la , como lo explica María Inés Saravia de Grossi:

“Aquel que queda sin ciudad porque la aniquila, como ocurre en la coyuntura de Creonte, permanece ἄπολις, responsable de la ruina de Tebas y, en ese caso, ejerce τόλμα, concepto opuesto a ἀνδρεία ; presenta la versión negativa del coraje (…)”[7].

Este es un caso emblemático que Sófocles ha sabido poner en escena; la cuestión de si un muerto debe o no ser sepultado comprende de por sí un motivo trágico.

Platón expone que la Justicia como tal depende tanto de las acciones de los individuos que conforman el estado, como de las acciones de los gobernantes.[8]

Hay tres virtudes principales que expone el filósofo, las cuales propician y permiten la Justicia.

σωϕροσύνη, ἀνδρεία, ϕρόνησις

Estas virtudes morales son el sustento de una sociedad sana. Por sobre ellas opera la Justicia (δικαιοσύνη) como virtud general que las abarca a todas; aquellas se encuentran subordinadas a su existencia. La Justicia consiste en establecer orden del conjunto de la sociedad, manteniendo a cada clase dentro de los límites que le son propios, conservando las funciones de cada individuo en la tarea que le corresponde; regulando las relaciones entre el Estado y los ciudadanos, según los méritos de cada uno.

En la obra de Sófocles, Creonte sobrepasa los límites de la función que le compete al promulgar el decreto de prohibir el entierro del cadáver de Polinices. Antígona asume su falta de tratar de enterrar el cuerpo de su hermano, sin embargo, manifiesta que la verdadera transgresión la está produciendo el tirano (τύραννος) al infringir las leyes divinas (θεῶν νόμιμα)

Antígona: “No fue Zeus el que los ha mandado a publicar, ni la Justicia que vive con los dioses de abajo la que fijó tales leyes para los hombres. No pensaba que tus proclamas tuvieran tanto poder como para transgredir las leyes no escritas e inquebrantables de los dioses.”[9] (vv. 449-454)

Creonte incurre en injusticia (ἀδικίαν) al actuar con imprudencia (ἀβουλίαν). Platón entiende que un Estado justo comienza por los individuos que lo componen; los ciudadanos deben ocupar el cargo que les corresponde, sin intermediar en ocupaciones que no les son propias, de lo contrario caerían en ὓβρις

 “Quisimos por este medio hacerles entender que cada ciudadano sólo debe aplicarse a una cosa, aquella para la que está dotado, a fin de que cada particular, ajustándose a la profesión que le conviene, sea uno: para que el Estado sea también uno, y no haya ni muchos ciudadanos en un solo ciudadano, ni muchos Estados en un solo Estado.[10]

Un Estado resulta justo o injusto según los actos de sus ciudadanos, y según el accionar del gobernante. Éste debe armonizar en su interior las virtudes expuestas con anterioridad, de lo contrario habría un desequilibrio que se manifestaría en un Estado corrupto, y se convertiría en τύραννος.

II

VIRTUDES Y EDUCACIÓN EN EL ESTADO

Αἱ ἀρεταὶ[11] καὶ ἡ παίδευσις ἐν τῇ πόλει

Cuando hay moderación y equilibrio entre las virtudes mencionadas anteriormente, el ser humano se convierte en un ser justo; y no hay mayor virtud desde la cual actuar en la πόλις que la Justicia. Esta virtud sublime nos conduce hacia la felicidad, pero para Platón, la felicidad no es aislada, es compartida. Somos felices en un Estado feliz:

“(…) no nos hemos propuesto como fin la felicidad de un cierto orden de ciudadanos, sino la del Estado entero, porque hemos creído deber encontrar la justicia en un Estado gobernado de esta manera y la injusticia en un Estado mal constituido (…)”[12]

Como nos explica María Eleonor Cornavaca:

“La justicia provoca la armonía y la unión, mientras que la injusticia es causa de la desarmonía y la impotencia”[13].

Platón nos orienta hacia la construcción un Estado justo, en el cual cada individuo ejerce la ocupación que le corresponde y no se extrapola hacia tareas que le son ajenas; pero la única forma de lograr tal empresa es mediante la educación.

A través de la educación, las leyes pueden conservar su impermeabilidad, de esta manera es posible mantener un cierto orden; y no pretender reformular las leyes constantemente, de lo contrario estas perderían su valor y seriedad.

Para Platón, aquellos gobernantes que cometen este error: (…)”son las gentes más divertidas del mundo con sus reglamentos minuciosos, que modifican sin cesar, persuadidos de que remediarán así los abusos que se infiltran en los contratos y en todos los puntos que hemos hablado. No pueden imaginarse que realmente no hacen más que cortar las cabezas de la hidra”.[14] (426e)

En Antígona, observamos que el conflicto surge porque Creonte no ha sabido establecer una jerarquía entre su decreto (νόμος) y las leyes inquebrantables no escritas de los dioses (ἄγραπτα θεῶν νόμιμα), a pesar de que a lo largo de la obra, tanto Antígona, como Tiresias, el Coro y su hijo Hemón trataron de hacérselo notar. Una de las respuestas que dio Creonte fue: “Al que la ciudad designa se le debe obedecer en lo pequeño, en lo justo y en lo contrario”. (vv. 666-667)

Creonte ha caído en necedad, a través de sus decisiones imprudentes, convirtiéndose en tirano.

Si bien más adelante Creonte actúa como si hubiera querido remediar su error, ya era demasiado tarde, la ἀδικίαν y la ὕβρις lo han sumergido en un problema del que no hay vuelta atrás, con consecuencias funestas para él y para la πόλις.

Hemón le advierte a Creonte acerca de las consecuencias de sus actos, el concepto de ἄπολις comienza a inundar la escena.

Hemón- “Tu gobernarás bien, en solitario, un país desierto.”(v. 739).

Es así como Creonte por su obstinación y la imprudencia de sus actos pierde todo lo que defendía: su familia y su ciudad.

Para concluir, afirmamos que la tragedia de Sófocles es una obra que se reactualiza nuevamente en cada lectura, volviéndose vigente en cada momento.

Sus enfrentamientos y dicotomías intensas nos ponen en un lugar donde el problema nos interpela, nos habla de frente.

Platón y su sociedad también se vieron interpelados por estas profundas dicotomías.

Citando a Alejandra Liñán “La lucha siempre va acompañada por ὕβρις,- así lo afirma Esopo en su fábula-, y si hablamos de exceso es tanta la pasión que ponen en la lucha Antígona y Creonte que los ecos del estrépito aún no se han apagado”[15]

 

Material bibliográfico utilizado:

  1. Sófocles. (1982), Tragedias Áyax-Las Traquinias- Antígona- Edipo Rey-Electra- Filoctetes- Edipo en Colono. Trad. A. Amillo. Madrid: Gredos.
  2. Platón. (2006), La República o el Estado. Trad. P. de Azcárate. Madrid:  Austral.
  3. Cornavaca, María Eleonor. (2004), Libertad y Felicidad en La República. En: Cornavaca, Ramón. Estudios Platónicos: alma del mundo, destino y libertad en Platón y algunos platonistas medios. 1era Edición. Córdoba: Ediciones del Copista.
  4. Villagra Diez, Pedro Luis. (2010), La noción de “Phília” en Áyax. Su implicancia en la configuración de los personajes en la tragedia de Sófocles. Un antecedente del planteo platónico. En: Cornavaca, Ramón. Estudios Platónicos III: Phília, diálogo y conocimiento. Proyecciones a partir del tratamiento platónico de la amistad y sus implicaciones en los ámbitos educativo, político y cósmico. 1era Edición. Córdoba: Ediciones del Copista.
  5. Liñán, Alejandra. (1997),  “Antígona o el combate de las palabras”. En Revista de Letras Nº 5, Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario: UNR Editora. Pp. 215-225.
  6. Fraile, Guillermo. (1990), Historia de la Filosofía Grecia y Roma. Tomo I Sexta Edición. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos.
  7. Saravia de Grossi, María Inés. (2007), Sófocles una Interpretación de sus Tragedias. La Plata, Editorial de la Universidad de La Plata.
  8. En línea: http://www.perseus.tufts.edu

Diccionarios Utilizados:

Yarza, F. S. (1972), Diccionario Griego-Español. Barcelona, Sopena.

——————-

[1] Platón. (2006), La República o el Estado. Trad. P. de Azcárate, Madrid: Austral, p. 183 (425e).

[2] Platón. Op. cit. p. 194 (433b).

[3] Ibid, p. 195 (434a)

[4] Sophocles. Antigone. (vv.186-190). Versión en griego en línea: http://www.perseus.tufts.edu

[5] Plato. Republic. book I (331e). Versión en griego en línea: http://www.perseus.tufts.edu

[6] Sófocles. (1982), Tragedias, Áyax-Las Traquinias- Antígona- Edipo Rey-Electra- Filoctetes- Edipo en Colono. Trad. A. Alamillo. Madrid: Gredos, pp. 144-145 (vv. 199-208).

[7] Saravia de Grossi, María Inés. (2007), Sófocles una Interpretación de sus Tragedias. La Plata: Editorial de la Universidad Nacional de La Plata, p. 83.

[8] Tomamos en cuenta la explicación que hace Guillermo Fraile en su Historia de la Filosofía, Tomo I: “El concepto de justicia brota en función de la existencia de una multitud de partes heterogéneas, entre las cuales se trata de introducir una unidad de orden”. Platón entiende que la justicia responde a 3 virtudes esenciales que deben darse en la πόλις, a su vez, la filosofía de Platón, y la concepción de estado helénica propia del siglo V a.C. entiende a la ciudad como una totalidad en la que todas las acciones de sus individuos conforman la identidad de un estado. “Cosa semejante sucede en la ciudad, concebida por Platón a manera de un gran organismo. La ciudad es un gran todo, integrado por individuos, familias y clases sociales, con actividades e intereses muy distintos. No sería posible una entidad social si entre sus diversas partes no reinara un orden riguroso que redujera la diversidad a unidad, asignando a cada parte el lugar y la función que le corresponden dentro de la totalidad. – Fraile, Guillermo. (1990), Historia de la Filosofía Grecia y Roma. Tomo I, Sexta Edición. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, p. 396

[9] Sófocles. Op. cit. p. 153 (vv. 449-454)

[10] Platón. Op. cit. pp. 180-181 (423d)

[11] Utilizamos el término  en el sentido de cualidades nobles, que incluye las virtudes de las que nos habla Platón.

[12] Ibid, p. 176 (419c)

[13] Cornavaca, María Eleonor. (2004), Libertad y Felicidad en La República. En: Cornavaca, Ramón. Estudios Platónicos: alma del mundo, destino y libertad en Platón y algunos platonistas medios. Córdoba: Ediciones del Copista, p. 80

[14] Platón. Op. cit. p. 185 (426e)

[15] Liñán, Alejandra. (1997),Antígona o el combate de las palabras”. En Revista de Letras Nº 5, Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario: UNR Editora, pp. 215-225.

Publicado en Actas del II Simposio Nacional de Filosofía Antigua: “Conocimiento, ética y estética en la Filosofía Antigua”. (2015). Editado por R.S. Braicovich y P. Spangenberg. ISBN 978-987-45619-1-6. Rosario, Santa Fé, Argentina, pp. 220 – 226-

http://goo.gl/5FV5IP

http://aafa.org.ar/AAFA-Actas_II_Simposio_Nacional_de_Filosofia_Antigua.pdf

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Lo disse… Nietzsche

Bisogna avere in sé il caos per partorire una stella che danzi. -- (---) -- Il mio tempo non è ancora venuto; alcuni nascono postumi.

Lo disse… OSHO

Non voglio seguaci, persone ubbidienti. Voglio amici intelligenti, compagni di viaggio.

Lo disse… NEWTON

Platone è il mio amico, Aristotele è il mio amico, ma il mio migliore amico è la verità.

Lo disse… Diogene il Cinico

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